Ayer para muchos fue un día del padre más y ¿por qué no? un buen motivo para reunirse en familia y poder disfrutar de la comunión familiar; sin embargo, para mi fue uno diferente, éste fue el primer día del padre sin mi papá.
El recordar todo lo que aprendí de él y cuánto lo extraño, viene a mi mente la reflexión que hice en aquellos momentos de su reciente partida: Uno aprende mucho de Dios cuando llega a ser padre.
Caminando con mi hijo tomado de la mano, veo como va confiado sin preocuparse de los peligros que hay a su alrededor y aunque no puedo impedir que en algún momento se resbale o caiga, el sabe que con mis brazos de amor siempre estaré listo para levantarlo y cargarlo si es necesario (bueno, aún sin ser necesario a veces), puedo ver que desde ya, el está aprendiendo de su padre.
Mi padre no era perfecto, ni tampoco buscó que yo lo fuera; sin embargo, siempre me desafiaba a a ser mejor.
Me enseñó a aprender a valorar los propios errores, aprender de ellos y no darse por vencido.
De él aprendí que más importante que acumular riquezas es poder usarlas en lo invalorable.
Me enseñó el valor de la lealtad independiente de las circunstancias y que lo material se puede recuperar mientras que el tiempo no.
A pesar del tiempo, tus hijos serán siempre tus hijos y aunque tu hijo sea un adulto de 35 años puedes llamarlo "bello muñequito" como cuando era un bebé.
Más importante que ganar o perder una partida de ajedrez es poder compartir ese tiempo con tu hijo y ese tiempo lo recordará toda la vida.
Me demostró que la verdadera fuerza del varón no está en sus músculos, sino en su corazón, las fuerzas de los brazos se desvanecen con el tiempo, mientras que las del corazón se fortalecen cuando aprendemos a valorar lo que debe ser valorado y desechar lo que no nos sirve para tomar las decisiones correctas.
Con él puder ver que nunca debes subestimar lo que puedes aprender de tus hijos llegando a usar Word 1.1 en inglés sin conocer el idioma y que eso te puede llevar a escribir libros.
Me enseñó a no darte por vencido hasta haber agotado recursos, nunca sabes si en un escrito puede faltar una coma que le altere el sentido a la oración y así ganar juicios.
De igual forma, más importante que ser el mejor es rodearse de los mejores.
Tus hijos siempre van a estar pendiente de lo que tienes que decir, de igual manera debes estar pendiente de lo que dicen tus hijos.
Más valioso es el tiempo invertido en un buen libro que mirando televisión.
Es vital nunca subestimar lo que le puedas enseñar a tu hijo por muy elemental que parezca, preferible que lo sepan de ti que de otra fuente.
Mi padre aunque no estuviera bajo el mismo techo, siempre permaneció accesible.
Una de las lecciones más significativas fue que mientras uno vive, nunca es tarde para pedir perdón.
Estas y muchas otras cosas más fueron las que aprendí de mi padre, pero mi más grande desafío es que al igual que él hoy, cuando yo ya no esté, mis hijos puedan decir las mismas palabras acerca de mi.





